Un castillo con narices

Estado actual del castillo, que según el consistorio tiene previsto acoger un centro de interpretación de la historia de la zona

La razón de ser de Akelarre Metropolitano, tal y como indicamos en nuestro manifiesto fundacional, es rescatar rincones e historias sorprendentes de nuestras ciudades; aquellos monumentos o edificios que otrora fueron escenario de sucesos épicos o escalofriantes, y que aún guardan parte de la esencia del lugar. Es decir, prometimos buscar aquellos odd one out en toda regla que se resisten a perecer ahogados por el cemento. Pues bien, hoy os traemos un lugar que se ajusta casi al cien por cien a estas condiciones: el castillo de Bellvís. 

Para los que no la conozcáis, esta fortaleza está ubicada en pleno área metropolitana de Barcelona. En concreto, en el barrio de Torrassa de L’Hospitalet de Llobregat. Rodeado de equipamientos, edificios y vías de comunicación, este castillo ha sabido adaptarse al paso de los años, puesto que tras su uso militar durante el medievo pasó a ser una masía -como tantos otros-. El paso de los años, y sobre todo los añadidos posteriores a su estructura, sepultó la memoria de caballeros y asedios y lo transformó en una casa antigua que albergaba en su interior a varias familias. Así, desde hace siglos los vecinos de la zona la conocen como la Casa de la Torrassa. Sin ir más lejos, es precisamente su torre la que da nombre al barrio -”torrassa”, o en una traducción libre al castellano, “torreón”-.

Desde hace algunos años, la presión vecinal ha aumentado para que el ayuntamiento proteja uno de los escasos vestigios medievales que quedan en una ciudad de casi 300.000 habitantes que ha crecido en las últimas décadas a base de llegadas de inmigrantes del sur de España y del ladrillo. Por ello, desde hace tiempo la plataforma Defensem el Castell de Bellvís lidera una reivindicación muy ligada a la defensa del patrimonio local, tanto de esta fortaleza como de otros elementos cercanos que tienen cierta importancia histórica. Lugares, como este castillo de Bellvís, que le echan narices para seguir dando guerra y no desaparecer entre el cemento. Y hablando de narices…

Un rincón cinematográfico

El motivo de esta entrada no es solo destacar la existencia de un castillo medieval -aparece por primera vez en documentación del siglo XII- en plena ciudad, sino más bien contar cómo inspira a sus vecinos. El castillo de Bellvís, como buen castillo que es, aguijonea las mentes de las almas creativas para que dejen volar la imaginación y fantaseen con caballeros y doncellas cuyas voces aún resuenan en los muros. En este caso, es necesario mover más hacia delante la ruedecilla del Delorean para llegar a la posguerra de los años 40. Es en esta etapa histórica que el cineasta hospitalense Sergi Páez ha querido ambientar una historia que ha estado desarrollando en los últimos seis años y que está lista para hornear. 

El castillo al final del camino, o El castell al final del camí, es un proyecto cinematográfico de género fantástico que coge como referencia al castillo de Bellvís para contar una historia de posguerra en un barrio que fue el epicentro del anarquismo catalán durante los años 30. Seguramente al hablar de posguerra y género fantástico os ha venido a la cabeza El laberinto del fauno, la aclamada película de Guillermo del Toro ambientada en los años posteriores a la guerra civil. Sin ir más lejos, Páez reconoce a Del Toro y a El laberinto del fauno como “sus referentes” a la hora de idear su proyecto. De hecho, considera que el género fantástico es un “filón” para explicar la historia. “La ficción es a veces más fuerte que un libro para contar el pasado”, asegura convencido. Y más cuando se trata de formar a las nuevas generaciones. “La fantasía es la mejor manera de explicar la historia, así como la comedia”, reitera un cineasta para el que los detalles son “la clave”.

Es por esta razón que Páez fue en busca de los miembros de la plataforma Defensem el Castell para que le ilustraran sobre la fortaleza. Y fue en este trance que conoció a personas como Rafael Algarra, un pozo de historias sobre el barrio y el castillo, puesto que nació y vivió en el interior de sus muros. Pasean los dos ante el edificio, recordando Algarra el pasado y Páez tomando nota. Son encuentros como este los que han hecho posible el proyecto, aunque Páez ya tenía mucho material en su mente que plasmar sobre el papel. Se ha criado en el barrio, y todavía tiene frescas la historias que le contaba su abuela de aquellos años de represión y pobreza. “Eso es algo que no se puede esconder”, concede Algarra. Aún así, Páez reconoce que se está encontrando con personas que le dicen que no es bueno remover los traumas del pasado. «¿Otra película de la guerra civil…?», dice le preguntan con hastío. «Pues sí, es algo que está ahí y sobre lo que hay que seguir hablando», responde Páez, convencido, a quien le pregunta eso. Algarra asiente.

L’Home dels nassos

La trama de Páez mezcla la ficción, la fantasía, con el ambiente de pobreza y represión que se respiraba en el barrio. Es en este contexto asfixiante que comienzan a desaparecer niños pequeños cada Navidad. Año tras año, sin que las autoridades hagan nada para evitarlo. Coinciden estos misteriosos sucesos con la aparición de una figura siniestra que pasea la última noche del año por las calles del barrio. Se trata del Hombre de las narices o Home dels nassos, una famosa figura del folklore catalán que sale a pasear la última noche del año, la del 31 de diciembre, que es cuando solo le queda una nariz, puesto que el resto del año tiene tantas como días faltan para finalizarlo. “Siempre he considerado al Home dels nassos como un personaje horripilante”, dice Páez, que recuerda cómo su abuela le contaba esa historia cada Navidad. 

“Los usos y costumbres es lo más importante para conocer un lugar”, interviene Algarra, que pone mucho énfasis en la necesidad de transmitir este saber popular a las nuevas generaciones. Y si puede ser, añade, haciendo uso de la imaginación. “Cuando los abuelos explicamos algo a los niños siempre aplicamos un poco de fantasía”, reconoce Algarra, que considera que de esa manera “los pequeños se interesan más”. 

Páez y Algarra, frente al castillo de Bellvís

No le falta razón, y aunque estamos unos añitos por encima de la edad infantil, preguntamos sobre las historias que esconde el castillo de Bellvís. Por eso somos Akelarre Metropolitano: tenemos la antena puesta para cualquier tipo de anécdota histórica/misteriosa/paranormal/inverosímil. Algarra detalla los rumores sobre un pasadizo secreto que conectaba el barrio de Santa Eulàlia -cercano a Torrassa y separados por una vía de tren y una zona de terraplén- con los sótanos del castillo, y que era utilizado por contrabandistas desde épocas pretéritas para transportar su mercancía. La verdad es que el túnel, al menos del que se tiene noticia, no llega tan lejos. Además, este vecino recuerda ruidos extraños que escuchaba en la casa cuando pequeño, y que en el piso de arriba vivía una mujer a la que llamaban ‘la bruja’. Pero antes de que nuestros sensores del misterio se pongan a cantar por bulería, Algarra sonríe. Tiene razón, con la fantasía todo entra mejor. 

“Semillas de leyenda”

Páez y Algarra conectan precisamente en este punto. “En la ciudad y en el Baix Llobregat hay semillas de leyendas”, afirma el cineasta. Y como si de las Bolas de Dragón se tratara, hay que ir en su búsqueda para mostrar su poder. “Rescatarlas”, como prefiere definir Páez. 

Ahora bien, esto es una parte de la película. Volviendo a la realidad, lo cierto es que Páez está en plena búsqueda de productores para hacer realidad su proyecto. Lamentablemente, parece haber nacido en un lugar donde no se valora en demasía el género. “Es difícil hacer cine fantástico en España y encontrar dinero para ello”, lamenta. De hecho, calcula que el presupuesto idóneo tendría que rondar los 20 millones de euros, como mínimo. Aún así, su voluntad es que este proyecto pueda convertirse algún día en una novela, un paso que ayudaría a dar el salto a la gran o a la pequeña pantalla -como serie de televisión-. 

Credenciales tiene: en 2019, recibió el premio al director más prometedor del Festival de Sitges, la joya de la corona del cine fantástico y de terror en España, mientras que antes de la pandemia varias productoras picaron a su puerta interesándose por su idea.

Al fin y al cabo, con proyectos así lo que se busca es poner en valor el patrimonio local y explicarlo a los más jóvenes y a los que acaban de llegar a la ciudad. Así, subraya Algarra, se cultiva el amor por el barrio. Al hilo de esto, Páez considera que la manera de explicar la historia y la memoria “dice mucho de una ciudad”. Y precisamente esto es una asignatura pendiente en L’Hospitalet -y en tantos otros lugares-. 

Mientras tanto, hay vecinos que trabajan y sacan historias y leyendas de debajo de las piedras. Literalmente.

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